La Octava

El Covid-19 es humillante

Larissa Carlos
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Información preocupante corría hace días por todos los medios de comunicación del mundo: el pasado martes, en tan solo 24 horas más de 18 mil personas perdieron la vida a causa del Covid- 19.

La situación en los sistemas de salud se complica severamente en muchos países (sean desarrollados o no) funerarias que ya no dan abasto para albergar por lo menos unas horas a cadáveres que llegan diariamente; hospitales colapsan por la gran demanda de contagios para solamente atender a enfermos por el virus; esto, sin tomar en cuenta las emergencias o atención a pacientes con patologías distintas a las del coronavirus.

No es novedad que la “segunda ola” es mucho más agresiva, el comportamiento del virus cambió radicalmente, una mutación sorpresiva para muchos y para otros algo predecible que se está llevando cientos de vidas al día.

En sumatoria, el virus puede ser calificado como el fenómeno mundial más humillante que puede enfrentar un ser humano en el planeta entero.

Humillante por qué?, por su indolente conformación de tres traumáticas etapas: un antes, un durante y un después.

Un antes, porque al momento de recibir la noticia de ser un paciente positivo de Covid, el aislamiento y presión social provoca inseguridad, temor y lógicamente humillación. Nadie puede acercarse a él, es potencialmente un foco de contagio en casa o donde se encuentre. Su entorno social probablemente arma cabos inmediatamente para descartar o confirmar también un contagio (que sería directamente “su culpa”). Es humillante.

Un durante, donde se observan dos protagonistas claros: paciente y familia. Al comenzar con los síntomas y posibles complicaciones (falta de oxígeno, malestar, fiebre, diarrea, etc) la peregrinación por la vida inicia El paciente, debe luchar por si mismo en algún nosocomio, recibir medicación diaria, aislamiento aún más riguroso e inclusive si es necesario ser entubado, porque existe la gran posibilidad que los pulmones y algunos órganos por sí solos ya no pueden trabajar más; por ende, necesita de una máquina para mantenerlo con vida.

La familia desde afuera, busca más oxígeno, que por cierto se agota poco a poco en centros hospitalarios; busca salas disponibles para terapia intensiva, más medicamentos y más dinero. Las puertas que se tocan en su gran mayoría se cierran, “lo sentimos ya no hay oxigeno” “no hay camas en este hospital” “todas las UTI están llenas” “se terminó esa medicina” son familiares que peregrinan por un enfermo con Covid, es humillante.

Un después, por desgracia el paciente infectado fallece en total soledad, la parte más humillante empieza. La indolente burocracia en centros hospitalarios se apropia de la situación, los trámites son tediosos y costosos para sacar de aquel nosocomio al difunto. No hay tiempo de reclamos ni lágrimas, se debe actuar rápido. Se corre el riesgo que el cuerpo del ser amado sea llevado a un depósito donde otros cadáveres se ven amontonados esperando ser recogidos por otras personas que peregrinaron exactamente igual. Es humillante.

Las funerarias están al limite de su capacidad al igual que los crematorios, que para añadir la desgracia, los costos de servicio se disparan.  No se puede dar un entierro digno, no se puede velar y llorar al ser amado acompañado por amistades entrañables y familiares, no se puede expresar más dolor del que ya se siente, no se puede porque tenía Covid.

Pedir conciencia al entorno al parecer pierde sentido. Muchos no lo entienden y no lo entenderán, por lo visto hasta ahora tienen la fortuna de no vivir una pesadilla similar.  Otros pocos lo entendemos, pese a que fuimos conscientes de los cuidados, pagamos por la inconciencia de otros.

 Solo los que perdimos un ser amado palpamos que la verdadera esencia del Covid-19, es humillante.

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